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Palabras de S. M. el Rey en el Acto de Clausura de la XV Cumbre Iberoamericana

S. M. el Rey de España

Salamanca, 15 de octubre. Palabras de S. M. el Rey en el Acto de Clausura de la XV Cumbre Iberoamericana, celebrado en la Capilla del Colegio Fonseca.

 

(Sólo es válido el discurso pronunciado)

 

Señores Presidentes,
Señores Jefes de Gobierno,
Señoras y Señores,


Durante el último año hemos trabajado con ilusión y con intensidad para preparar esta Décimoquinta Cumbre Iberoamericana, que hoy finaliza.

En estos días hemos podido debatir sobre cuestiones que inciden directamente en el bienestar de nuestras sociedades, y sobre el papel que a la gran familia de Naciones Iberoamericanas le corresponde desarrollar en el plano internacional.

Esta Cumbre nos reafirma en nuestra convicción de que es mucho lo que la Comunidad Iberoamericana puede aportar a nuestros pueblos y Naciones. Además de una clara vocación para hacerlo, dispone ya de instrumentos para ello.

No en vano, hemos dado un impulso fundamental a la Secretaría General Iberoamericana en esta Cumbre. Un instrumento concebido para trabajar en la consecución de los grandes objetivos que, con carácter general, nos propusimos ya hace tiempo: lograr una mayor cohesión interna de nuestro espacio iberoamericano y hacerlo más presente y activo en el mundo.

Salamanca nos ha ofrecido un marco incomparable. Nos ha brindado su hospitalidad y, sobre todo, su afecto. Reitero, por ello, nuestro más profundo agradecimiento a Salamanca, a sus autoridades y a sus ciudadanos.

Mi agradecimiento más profundo se dirige asimismo a todos Ustedes, representantes de las Naciones Iberoamericanas, por su interés, activa participación y compromiso con el proyecto común de Iberoamérica. Por su apoyo a esta Décimoquinta Cumbre, a todos, muchas gracias.

Tan sólo me queda por expresar a la República Oriental del Uruguay nuestra gratitud por asumir el generoso compromiso de albergar nuestra próxima Cumbre. Acudiremos a esa gran capital que es Montevideo con gran ilusión y el renovado deseo de seguir construyendo, día a día con espíritu solidario y realidades concretas, una Comunidad, producto del rico entramado de lazos que nos unen y concebida al servicio de nuestros países y ciudadanos.

Con esa ilusión y esperanza, declaro clausurada la Décimoquinta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.